Durante meses, una página de Facebook alertó sobre una posible fosa común en La Estanzuela, Jalisco. Tras recibir pistas anónimas, Indira Navarro y su colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco llegaron al sitio el 5 de marzo, donde descubrieron hornos subterráneos con cientos de fragmentos óseos.
El hallazgo impactó a México, especialmente por los más de 200 zapatos encontrados, evocando imágenes de genocidios históricos. Testimonios indicaron que el rancho servía como centro de reclutamiento forzado para el crimen organizado, donde algunas víctimas fueron asesinadas y sus cuerpos incinerados.
Aunque la Guardia Nacional había intervenido el sitio en septiembre, solo detuvieron a 10 personas y rescataron a dos secuestrados, sin detectar la magnitud del horror. Fueron los buscadores civiles quienes, con herramientas básicas, localizaron las tumbas clandestinas.
Este hallazgo evidencia la crisis de desapariciones en México y la falta de efectividad gubernamental. Navarro, quien busca a su hermano desde hace nueve años, describió el descubrimiento como devastador, al ver los restos de jóvenes que llegaron allí con la esperanza de una mejor vida.







