Devastación total en Nepal

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Un trozo de hielo se desprendió de un glaciar en lo alto del Himalaya alrededor de las 8:40 de la mañana del miércoles. La masa cayó desde una altura de unos 5 mil 180 metros y se estrelló contra el fondo de un valle, desencadenando una violenta cadena de lodo, agua, piedras y escombros que arrasó todo a su paso.

En cuestión de minutos, casas, vehículos y poblados enteros quedaron sepultados bajo la corriente. La fuerza de la crecida dejó prácticamente sin margen de reacción a quienes se encontraban en las zonas bajas.

Suman Chalise, un profesor de 34 años, observó desde Nuwakot cómo la riada avanzaba y destruía cuanto encontraba.

“Vi cómo las aguas se llevaban por delante ocho o nueve camiones, además de casas y personas”, relató.

“Fue absolutamente desgarrador. Fui testigo de una devastación de tal magnitud que nunca había visto nada igual”, añadió.

Para Keshav Prasad Baral, de 68 años, la tragedia ocurrió frente a sus propios ojos. Una enorme avalancha de lodo avanzó directamente hacia su vivienda.

“Era una enorme avalancha de lodo que venía directamente hacia nosotros. A medida que se acercaba, no dejaba de subir más y más”, describió.

Cuando el lodo alcanzó su casa, Baral intentó escapar junto a su esposa.

“Intenté agarrar a mi mujer de la mano y llevarla a la terraza. Pero el lodo se la llevó”, lamentó.

Baral permaneció atrapado durante horas, hasta que un helicóptero llegó para rescatarlo. Su esposa, sin embargo, no volvió a aparecer.

“Mi mujer sigue en algún lugar bajo el lodo. La hemos perdido”, dijo.

Otro sobreviviente consiguió aferrarse a un árbol de mango mientras contemplaba cómo la corriente hacía desaparecer la casa donde trabajaba.

En Rasuwa, la escena que quedó después de la crecida era igualmente desoladora.

“Hay devastación por dondequiera que miremos”, afirmó Tula Bahadur BK, trabajador sanitario. “Los asentamientos situados junto al río han sido completamente arrasados. Cinco de mis propios familiares están desaparecidos”.

Los servicios geológicos de Estados Unidos y China coinciden en señalar el colapso de un glaciar como el origen de la inmensa riada que el miércoles 26 de agosto golpeó una zona fronteriza entre el norte de Nepal y el Tíbet, en el suroeste de China.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) informó este jueves que se trató de “un derrumbe glaciar y un flujo de detritos”. Inicialmente, el organismo había vinculado la tragedia con un terremoto de magnitud 4.4 registrado en Nepal y, posteriormente, con un deslizamiento de tierra.

Por su parte, expertos del Ministerio de Recursos Naturales de China determinaron, mediante imágenes satelitales, que el desastre comenzó con el desprendimiento de una masa de hielo en una zona glaciar de Nepal, situada entre los 5 mil 200 y 5 mil 500 metros de altitud.

Según Beijing, el bloque de hielo arrastró diversos materiales y descendió a gran velocidad hasta transformarse en un flujo de detritos y, posteriormente, en un corrimiento de lodo que alcanzó el puerto fronterizo de Gyirong. La masa recorrió unos 20 kilómetros en apenas siete minutos.

“Realmente se ha desprendido una parte baja de un glaciar”, explicó Jakob Steiner, geocientífico de la Universidad de Graz.

Las autoridades de Nepal elevaron a 359 el número de fallecidos por la riada ocurrida la víspera en el distrito de Rasuwa, en el norte del país y fronterizo con la región autónoma del Tíbet.

De acuerdo con el último balance de la Junta de Turismo de Nepal, al menos 644 turistas registrados en la zona permanecen desaparecidos, de los cuales 517 son extranjeros.

China reportó, por su parte, tres fallecidos y 558 desaparecidos en el condado tibetano de Gyirong. Con estas cifras, el balance provisional conjunto asciende a 362 muertos y alrededor de mil 400 desaparecidos.

Las autoridades informaron que gran parte de las víctimas fueron arrastradas varios kilómetros desde el punto de origen de la riada hacia las zonas bajas del río. Allí quedaron sepultadas bajo una enorme masa de agua, lodo, piedras y restos de infraestructura de varias localidades.

Mientras los equipos de emergencia continúan las labores de búsqueda y rescate, la magnitud de la destrucción dificulta el acceso a las comunidades afectadas. En medio de carreteras destruidas, viviendas sepultadas y poblados arrasados, familiares y sobrevivientes siguen esperando noticias de quienes permanecen desaparecidos.

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