Intoxicación infantil por plomo en SLP

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San Luis Potosí se ubicó como la segunda entidad con mayor prevalencia de intoxicación por plomo en niñas y niños de entre uno y cuatro años, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua (Ensanut) 2022-2024, publicada a finales de 2025. El estudio reveló que 37.4 por ciento de los menores en ese rango de edad presentan concentraciones de plomo en sangre consideradas como intoxicación según la Norma Oficial Mexicana NOM-199-SSA1-2000, lo que equivale a casi cuatro de cada diez niños.

La cifra coloca al estado únicamente por debajo de Puebla, que registró una prevalencia de 46.6 por ciento, y por encima de Tlaxcala, con 35.6 por ciento. A nivel nacional, el problema afecta a 1.2 millones de niñas y niños de uno a cuatro años, equivalente al 15.8 por ciento de la población infantil. Al ampliar el análisis hacia grupos de mayor edad, se estima que 3.3 millones de menores en México presentan exposición a este metal.

Uno de los principales factores detectados por el estudio es el uso de barro vidriado tradicional para cocinar y almacenar alimentos. El especialista explicó que el acabado brillante de estos recipientes contiene compuestos de plomo que pueden transferirse a los alimentos durante su preparación. En las regiones centro y sur del país, esta práctica explica cerca del 48 por ciento de los casos de intoxicación infantil. A nivel nacional, 31 por ciento de las personas que utilizan loza vidriada con plomo presentan concentraciones elevadas del metal en el organismo.

El problema en San Luis Potosí no puede atribuirse únicamente a esta causa. La entidad cuenta con antecedentes documentados de contaminación derivada de actividades mineras y metalúrgicas, cuyos efectos han sido estudiados durante décadas.

En la zona metalúrgica Morales, ubicada en la capital potosina, se han encontrado concentraciones de plomo en polvo exterior que oscilan entre 62 y 5 mil 187 miligramos por kilogramo, muy por encima del límite de 400 miligramos por kilogramo establecido para suelo residencial. En estudios realizados en menores de edad de esa área se han detectado concentraciones de hasta 31 microgramos por decilitro de plomo en sangre.

En Cedral, donde existen depósitos de jales mineros dentro de la zona urbana, algunos niños han registrado niveles de hasta 22 microgramos por decilitro. En la región conformada por Villa de la Paz y Matehuala, investigaciones realizadas desde 1997 encontraron que menores de siete años superaban el límite permisible de 10 microgramos por decilitro. En estos casos, la principal vía de exposición ha sido la ingesta de suelo contaminado con plomo y arsénico.

Actualmente, la atención se centra en industrias que procesan metales o manejan materiales con contenido de plomo, particularmente algunas relacionadas con la fabricación y reciclaje de baterías automotrices. Sin embargo, el investigador precisó que no existen estudios concluyentes realizados en niñas y niños de Villa de Reyes, Villa de Pozos o la zona metropolitana que permitan relacionar directamente la presencia de plomo en sangre con la calidad del aire en esos sectores.

La falta de una red de monitoreo ambiental especializada representa uno de los principales obstáculos para conocer la magnitud real del problema. Sin mediciones constantes, resulta imposible determinar qué concentraciones de plomo están presentes en el aire y cuál es su impacto sobre la salud de la población.

Los efectos de este metal sobre el organismo infantil son ampliamente conocidos. Concentraciones de entre 10 y 30 microgramos por decilitro pueden provocar disminución del coeficiente intelectual, alteraciones en la velocidad de conducción nerviosa y afectaciones en el metabolismo de la vitamina D. Diversas investigaciones han demostrado además que el daño neurológico puede presentarse incluso con niveles inferiores a los considerados tradicionalmente peligrosos.

Las consecuencias también tienen un impacto económico significativo. Se estima que las afectaciones al desarrollo intelectual infantil asociadas a la exposición al plomo generan pérdidas anuales cercanas a los 229 mil millones de pesos en México, una cifra equivalente al 1.4 por ciento del Producto Interno Bruto nacional.

Ante la ausencia de información sistemática sobre la calidad del aire, la UASLP inició trabajos para desarrollar una red de monitoreo de plomo atmosférico. Díaz-Barriga Martínez informó que la universidad ya cuenta con algunos equipos y prevé comenzar próximamente las primeras mediciones. El objetivo es generar datos que permitan dimensionar el alcance de la contaminación, identificar zonas de riesgo y aportar evidencia científica para el diseño de políticas públicas orientadas a proteger la salud de la población infantil.

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